Amsterdam

Martes, 7 de agosto del 2001

 

Nos hemos levantado a las 10:00 para no variar (al menos yo) y, tras una duchilla, nos hemos encaminado hacia Amsterdam, porque habíamos quedado en la plaza Dam a la 1:30. Esta vez no hemos tenido ningún lío en la estación: andén 5 en Zaandam y andén 8 en Ámsterdam. Aunque esta vez fuimos en un tren de dos pisos que nos dejó en un andén distinto. Joder, que pedazo de trenes que tienen aquí y qué bien que te dejan fumar.

Bajamos a Dam dando un paseo y, como aún eran las 12:45, nos metimos a un coffe que se llamaba el Paradise. Era un bar de los sin alcohol, rasta, con fotos de Bob Marley. Era un poco sosín, y no pillamos nada de maría. Sólo tomamos un pote. A la 1:35 nos encaminamos hacia Dam, y había una cola de muerte para entrar al madame Tusseaud, lugar de encuentro, por lo que nos quedamos enfrente, al otro lado de la carretera. Había una banda con trompetas tocando, y eran lo menos 30 personas. Tocaron varias canciones, una de ellas de Brian Addams (la de Robin Hood). Estaban bien, pero tampoco me entusiasmaron. La mayoría de las canciones empezaban muy suaves, con pocas trompetas, y luego iban metiéndose cada vez más y más fuerte. Pero el Crescendo no acababa de forma nada apoteósica. Parecía que se quedaran con ganas de soplar más fuerte. Pues el tiempo pasó, y los colegas no llegaban, así que nos bajamos hacia Waterlooplain. Por el camino encontramos la tienda Sensi y compré las semillas para el Karli. Yo creía recordar que me habían vendido también maría en el viaje pasado, pero o estoy equivocada o ahora ya no venden.

Bueno, he de decir que nos ha hecho todo el día un tiempo realmente asqueroso. Que si llovía, que si paraba, que si volvía a llover... así que descartado esta vez el irnos a ningún parque.

Aún no habíamos comido, así que subimos a “Niew Markt”, porque parecía haber cierto movimiento. Allí no vimos nada, comenzamos a buscar un italiano, pero con la chorrada ya eran las 3:00 p.m. y en Holanda todo el mundo ha comido ya. Así que o estaban txapados, o simplemente no encontrábamos. Eso sí, turcos con Falafel había mogollón, pero aún no he contado cual es el problema del Falafel. Progresivamente hemos venido notando que si alguno se echa un pedo en un recinto cerrado, ahoga al resto. Además, como que nos vamos un poco de baretas los tres. Yo entre el atasco que tenía; mis ovarios, que empujan todo lo que tienen alrededor, y el puto falafel, cuando me da un yuyu, ya no se si es un calambre, un retortijón o mi tercer ovario.

De todas formas, según fue avanzando el día (y después de haber abandonado el falafel definitivamente), se fue pasando el mal trago.

Pues como no encontrábamos sitio donde comer nos pillamos algo dulce (una napolitana, un bollo...) para coger algo de energía, y nos sentamos en unos bancos enfrente de un canal. Ahí había cuatro tíos que, antes de oírlos hablar, vimos que eran españoles por los pedazo bocatas de chorizo.

Tras el incisillo, y tras un porrete, nos fuimos al T-Boat, el único barco coffe de Ámsterdam, como ponía en la publicidad. Allí nos pillamos “Top 44” y nos subimos a la cubierta a tomar nuestros zumos y bebidas estimulantes. Tuvimos un debate acerca de si el barco se movía o no, pero yo ya no estoy segura de nada. No sé si se movía nuestro barco, si se movían los barcos que tomábamos como referencia, si se movía la orilla o si es que yo flotaba. Tras el descanso, nos metimos ya en el meollo de Waterlooplain. Había puestos de todo tipo: de ropa, utensilios para el fumador, tiendas militares (que vendían hasta máscaras antigas), tiendas de antigüedades...

Entre los puestos, había tres tíos con dos guitarras y unos bongos que cantaban canciones del Macaco y que se veía claramente que eran españoles. Nos quedamos un rato viéndoles y al echarles la moneda nos dijeron “Thank you” y cuando Sonia les contestó que de nada, se partían de la risa. Vaya fumada que tenían los cabrones. Mientras estábamos allí parados vimos a dos skinetos. Pantalones de camuflaje, botazas, cabeza pelada, los dos con el mismo mostacho... qué mal rollo. Pasaron de largo y como que eso, mejor a distancia. Seguimos mirando puestos y un poco más adelante nos los volvimos a cruzar. Cual no sería nuestra sorpresa cuando les oímos hablar en castellano y con acento “ejjke”. Para dos putos skinetos que nos encontramos y tenían que ser madrileños.

Seguimos caminando, vimos también a un negro medio rasta que cantaba algo de Sudáfrica y de ser libre, y la verdad es que cantaba muy bien, así que también le echamos una monedilla.

Nos comimos un chupa-chups de María, que sólo le gustó a Soni, porque era bastante empalagosillo. Como ya nos meábamos, nos fuimos a tomar una cerveza a un bar con terracilla.

Uno de los detalles que no escaparon de nuestra atención fue la operación surfing:

A una pequeña distancia, subido en un pivote de piedra de unos 50 centímetros de ancho, 10 centímetros de altura y 1 metro de largo, había un tío inmerso en una fantasía surfera total. Fijo que se había comido un hongo. Al final se cayó (de pies, menos mal), y bailó un poco. Por último, justo antes de irnos, vimos que el tío se pillaba una bici.  ¡joder, qué peligro!

Por cierto, hoy hemos visto un mogollonazo de gente española, incluso a gente de Bilbo. Sería el día de la excursión a Ámsterdam para todos los buses españoles. Qué se yo.

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Bueno, pues confiando en que a las 5:00 p.m. ya hubieran empezado a servir las cenas, al fin conseguimos encontrar una pizzería cuando ya nos conformábamos con cualquier cosa. En realidad, era un “ristorante italiano” (es un decir, en la mesa de al lado se sentó una familia italiana que intentó hablar en italiano y quedó bastante claro que el camarero no entendía ni papas).

Nos comimos una “Lasagna gratinata”, “Pizza fantasía” y “Raviolis”. Tardaron un poco en atendernos pero la comida estaba muy buena (o es que teníamos mucha hambre). Luego también tardaron bastante en traernos la cuenta, y cuando conseguimos salir, nos fuimos a buscar un ciber-café para quedar un rato después con los colegas y para que yo le mandara un zorionak a Olalla al móvil, porque hoy ha sido su cumple.

Dado este punto, la contribución de Frank para este momento del día es “Tengo los pies reventados”. Ya casi ni Sonia tiene palabras (que no, que es broma, je, je..)

Como estaba jarreando, hicimos un inciso en el “Extase”. El tío era majete. Normalmente, cuando el coffe es de estos grandes, de los que son una cadena, la peña suele ser más seca. Este era un coffe chiquito. Allí pillamos la “New Jackflash” y el tío nos avisó de que era kañera.  Una vez repuestos, nos metimos a un ciber-coffe. El coffe estaba bien, pero íbamos a lo que íbamos. O sea que porros, los necesarios sin comprar nada nuevo; y al salir nos encaminamos de nuevo a la plaza Dam, que es donde habíamos quedado otra vez y... ¡Sorpresa! Nos encontramos con sus amigos. Nos contaron que la idea era ir a Escocia, pero por el eurotúnel y en coche. El rollo es que les cobraban 88.000 pesetas por usarlo, ante lo cual decidieron subirse a Ámsterdam por menos precio. Bueno, la primera noche les habían clavado 15.000 pesetas por un cuchitril, pero ya habían encontrado un hotel más chulo y más barato.

Bueno, pues batimos la zona del Noroeste de Dam, en busca del Coffe “Doors”, pero no lo encontramos (yo no sé que problema tengo con ese coffe, que siempre me cuesta un huevo encontrarlo). Como el tiempo seguía siendo asquerosísimo, entramos a otro coffe, el coffe “Amnesia”. Allí nos fumamos unos cuantos petillas, y ya salimos con otro ánimo en el cuerpo. Decidimos ir hacia el barrio rojo para verlo en su ambiente nocturno, y por el camino pasamos por un bar normal, tipo pub inglés, en el que estaban tocando jazz en vivo dos guitarras y un contrabajo. Sonaba que te cagas, tipo Django Reinhardt, así que nos tomamos una cerveza de tranquis. El solista era un puretilla de unos cincuenta años, que era clavadito a Clemente, el entrenador de fútbol. Pero vaya máquina.

Luego nos fuimos al barrio rojo, viendo el ambiente. Había alguien con camiseta verde que había ganado un partido. Nos sabemos si eran escoceses, holandeses o qué demonios, pero vamos, todos se quedaban con todo el pedo etílico futbolero triunfal flipados en los escaparates. Bueno, el fútbol por lo menos es bueno para las putas, porque para otra cosa...

Una vez atacado mi deporte más odiado y encima utilizando un pareado, sigo con mi historieta relacionada con los petas.

Pues entramos a un coffe que se llamaba “The other side”, que era heavy. Allí éstos les enseñaron a los colegas a comprar la maría y pillaron también “White Widow”. Frank recordó que una vez que estuvo en Ámsterdam le echaron de ese mismo bar, pero se ve que el tiempo lo cura todo.

Ya ahí entró la medio-hambre y nos fuimos a un garito a cenar. Tomamos una especie de solomillo (había solo, con champis y con pimienta verde, y yo opté por éste último).

Anécdota: se nos había acabado el tabaco que llevábamos para el día, así que hemos comprado tabaco de liar. Yo iba con un cigarrillo liado y el camarero, un chavalillo joven, me ha dicho que por favor lo apagara porque allí no se podían fumar porros. Vaya cara de fumados que debíamos de llevar, porque así como que el olor es un poco distinto. No voy a echarle la culpa a mi incapacidad para liar cigarrillos y a las deformidades resultantes).

Bueno, pues visitamos un último coffe para tomar un café y despedirnos, y luego nos fuimos a nuestro último tren, que salía a la 1:00. lo cogimos sin mayor problema, enganchamos en coche, y nos fuimos de nuevo a Heerhugoward. Porrete en el patio y hala, yo personalmente a dormir, que estaba reventada.

 

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