25 de Septiembre del 2002

 
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En nuestra habitación no hay cortinas, y aquí amanece a las 6.00 a.m., de modo que nos despertamos bastante pronto. El primero ya he dicho en más de una ocasión que siempre es Javi, que es el de sueño más ligero. Además, nuestras ventanas dan a los ghats, y la peña de buena mañana va ahí a hacer sus abluciones natinales.

Hemos desayunado en nuestro mirador, contemplando a la gente bañarse. Aquí las mujeres tienen un lado, y los hombres otro. Por supuesto, no enseñan el ombligo ni las piernas, pero sí las tetas, cosa que para nuestra cultura nos resulta bastante curiosa.

Una vez fortalecidos con nuestro escaso desayuno (Javi ha pedido una tortilla francesa y se la han puesto de un solo huevo); nos hemos preparado para empezar las shopping. Eso sí, la niña se nos ha levantado escatológica, y ha dicho la siguiente frase: “Chicos, voy a meterme el dedo en el culo para ver si me sangra o me supura”; y todo esto mientras yo masticaba mi tostada con mermelada de fresa. Si es que...

Lo primero que hicimos fue irnos a la estación de tren. Las alternativas eran las siguientes: el avión, rápido pero caro; el autobús, 16 horas enclaustrados; o el tren, con baño y haciendo escala en Ahmenabad. Dado el estado del culo de mis compañeros (Ana: “Tengo el culo como un bebedero de patos. Cua, cua”); optamos por el medio de transporte con toilet. Así que tenemos billete para mañana a las 8.15 de la tarde. Ah, y decir que en la estación nos hemos cruzado con una pareja que hablaba nuestro idioma, y que más tarde descubriríamos que eran guiputxis.

Bueno, pues eso, que al fin hemos comenzado nuestro shopping.

En primer lugar, ha sido una tienda de bolsitos, donde yo he visto algo que quiero comprar, que son elefantitos con el interior hueco, y con otro elefantito dentro. Según el tío, eran de sándalo, y me dijo que 90 rupias. En ese momento no tenía ganas de regatear hasta que viera más, pero me dije que sólo los compraría si conseguía bajar a 50 rupias. Eso sí, vi dos pipas bonitas y me pillé dos: una para Napo y otra para mi colección particular.

Entramos a una tienda con lámparas, bolsos, etc... Me pedían allí 170 rupias por un colgante de elefantitos (para la habitación de un niño), 130 rupias por una lámpara, y 150 rupias por cuatro cuadernos (cada uno). El total: 900 rupias. Bueno, pues conseguimos bajarlo a 620 rupias. Javi también consiguió bajar su precio mogollón y pilló lámparas, un álbum de fotos, un tapiz, y dos colgantes. Ana, por el contrario, tuvo mala suerte con el regateo porque, al salir, el tío no la llamó para hacerla una última oferta, y se quedó sin comprar los bolsitos.

La siguiente fue la tienda de especias que había enfrente. Aquí entré yo por accidente, cuando iba a comprar una botella de agua. Vi que tenía té, y cuando me interesé, el hombre me dio a oler un montón de especias y Tés. Me quería vender dos bolsas de té a 150 rupias cada una, y una de especias a 175 rupias. La verdad es que lo que yo quería era irme a la otra tienda, así que le dije que 125 por todo o que si no nada. El tío dijo que anda ya, que eso era imposible. Así que conseguí irme a la otra tienda. Eso sí, me olvidé pagar la botella de agua, y tuve que volver a salir para pagársela.

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Al salir de la tienda una vez hechas nuestras compras, nos vio, nos hizo pasar, y nos dijo que vale, que 130 rupias. Así que nos tomamos un té con él y nos estuvo hablando del mundo de las especias. Era todo un personaje: decía que sabía dar masajes, así que como Ana seguía jodida, le dio una especia para echar al arroz, un black tea de los suyos, le dijo que abandonara el limón y que comiera sólido; y la hizo una movida para enviarle energía positiva a la tripa.

Finalmente, Javi apuntó los precios de todas las especias que quería, y quedamos en volver esa misma tarde cuando Javi hablara con su madre, la experta en especias.

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En la foto, el caballero de las especias es el que está a la izquierda, charlando con los dos de la moto.

Ana estuvo entrando en mogollón de tiendas, con la intención de pillar manteles y una colcha para su hermano, pero la verdad es que eran bastante caritas (desde 1500 hasta 6000 rupias), así que decidió que pasaba de arriesgarse a pillarlas.

Para cambiar un poco, nos fuimos a papear a otro sitio un poco más arriba que nuestro hotel. Había que subir unas empinadas y numerosas escaleras, por las que trepamos como campeones (o como cabras).

Una vez allí, buen ambiente. Había cinco guiris: dos tíos y tres tías, que nos dijeron que eran de Georgia, y que estaban poniendo sus cintas de música.

Empezaron con Manu Chao, luego pusieron Moby, y terminaron con Pulp Fiction. Pues eso, que el ambiente era muy agradable. Para comer, yo pedí vegetales gratinados, Ana pidió arroz para echarle las especias que le había dado el tipo de la tienda, y pidió también una crema de espinacas; pero no le gustaron ninguna de las dos cosas, y acabó comiendo parte de mis vegetales.

 

Respecto a Javi, volvió a atreverse con la comida India. Qué osado. Había allí una terraza algo más alta, con unas vistas guapas, y cuando ya íbamos a irnos, subimos a hacer unas cuantas fotos.

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Habiendo repostado, nos acercamos a lo que parecía un monumento histórico, pero sumergidos como estábamos en las compras, pasamos de entrar, a pesar de que tenía una pinta muy bonita.

 

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Así que entramos a una tienda de plata para que éstos miraran algo, pero el hecho en general es que lo bonito es caro, y que lo barato es cutre. Allí vi yo un silum por el que pedían 150 rupias, y que pude bajar a 111 rupias. Pero bueno, era un silum de piedra; y tal vez, sólo tal vez, lo regale. Ya me lo pensaré.

El tío de la tienda se llamaba Manu, y luego nos dio el nombre y la dirección de un bar: el Lotus. Como por el momento no estábamos cansados, seguimos pateando un ratillo más. Volvimos a bajar a la tienda del amiguete especiero. Nos contó que estaba casado pero que no tenía hijos, que le estaban dando clases de cocina y de masajes; y que su mujer estaba estudiando pintura. Además, el mes próximo va a viajar a Bretaña, aunque decía que era por una combinación de placer y de negocios.

Allí, Javi hizo bastantes compras: Azafrán, canela, pimienta negra, Cardamono, nuez moscada... Yo sólo compré un gramo de azafrán que, por cierto, era bastante caro (175 rupias). De todas formas, para saber si el precio era el correcto, Javi llamó por teléfono a  su Ama para preguntárselo.

Otro sitio al que entramos fue una tienda de colgantes, collares, etc... En donde había una india gordita muy parecida a la rapera Queen Latifah. Yo allí compré un colgante que era un sol de plata. Lo conseguí bajar a 200 rupias, cuando me pedía 275 rupias. Ana quería pillarse una pulsera, pero nos fuimos sin que nos parara, así que luego más tarde tuvo que retornar a la negociación.

Por otra parte, nos enteramos de que al día siguiente había huelga general en la India por motivos que explicaré más adelante. Así que fuimos mentalizándonos de que las compras que no hiciésemos ese día, ya no podríamos hacerlas. Entramos a una tienda de música, donde el tío nos puso compacts de música moderna. Había dos bastante guapos, y yo me los pillé. Eran de bandas sonoras de películas, pero cantadas.

También tenía instrumentos musicales, y yo compré también una flauta. Aquí poco pude bajarle, porque la música realmente la quería, y eso no da juego para regatear; y no vi más tiendas de instrumentos. Recuerdo que los compacts acabaron costándome 270 rupias (sólo me bajo 30 rupias); y la flauta 90 rupias (sólo me bajo 35 rupias). Eso sí, también compré mis dos últimos bolsos con la intención de conseguir el dos por uno y coló. En ese mismo sitio fue donde Ana compró manteles.

Dado que ya había anochecido, que íbamos cargaditos, y que estábamos cansos; entramos al bar que nos había recomendado Manu.

Había un altillo con cojines en el suelo, así que nos quitamos los zapatos y allí nos tiramos. No cenamos allí, sólo nos tomamos dos batidos de banana y chocolate Ana y yo; y Javi una cerveza. Además, Javi se pilló el porro peor y más caro de su vida: 50 rupias. Y encima, la María estaba seca y malísima según él. Como no tenía papel, tuvo que estrenar el silum.

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Ya desde hacía un rato nos había venido un tío que hablaba español siguiéndonos. Era también colega del del bar y del de la joyería, y se sentó con nosotros. Había estado los días anteriores con un tal Otamendi, de los informativos de la ETB. Nos habló de que había estado trabajando y estudiando en Salamanca, y no recuerdo su nombre en Hindi, pero dijo que en Salamanca le llamaban Mariano.

Hablamos de costumbres, de diferencias... Una diferencia tonta: en nuestro país no es raro ver a parejas mixtas o a mujeres dadas de la mano. Sin embargo, se mira mal a dos hombres de la mano. Bueno, pues en este país es exactamente del revés.

Cuando ya nos pareció una hora prudencial, acudimos de vuelta al hotel. Javi empezó entonces a ponerse malo de nuevo, y no pudo venirse a cenar con nosotras.

He olvidado comentar mi granito de arena al callejón del acoso. La tienda de música estaba txapada, pero al verme el amago de entrar (antes de comprar mi flauta y mis compacts en otro sitio), dos tíos nos dijeron que quedábamos a una hora y que la abrían; y cometí la imprudencia de decirles que vale, que a las 7 de la tarde. Como al final ya encontré la otra tienda, ésta ya no me interesaba, y les di plantón.

Así que ahora, al llegar al hotel, nos salieron la señora de la joyería, el tío de las miniaturas y los tíos de los instrumentos musicales. Los esquivamos como pudimos, y nos metimos en el hotel.

Ana y yo nos fuimos a cenar, yo con mi dieta de huevos duros, y Ana con la suya de arroz, pasta, y nada de picante. Según nos dijeron los del restaurante, estaba jugándose la final de cricket, con la India y Sudáfrica como contendientes. Se les veía bastante exaltados, y decían que estaba muy emocionante.

Hicimos una brevísima parada en Internet, donde vimos que no teníamos mensajes, y nos fuimos a dormir. Nuestra última cama en la India.

 

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