BATALLA DE VILLAREAL

 

La ofensiva Vasca Sobre Araba (30 de noviembre a 24 de diciembre de 1936)

En una junta celebrada en Bilbao y a la que asistieron el lehendakari Aguirre, Leizaola, el comandante Montaud, el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Norte capitán Francisco Ciutat  y dos asesores soviéticos, se decidió realizar el ataque en el frente alavés y se fijó la fecha para el 29 de noviembre. Los asistentes a esta reunión estaban convencidos de que la ofensiva alcanzaría su momento crucial en torno a Miranda de Ebro, aun cuando creían erróneamente que las fuerzas enemigas les superaban en una proporción de 1´5 a 1 y su potencia de fuego en un 2 a 1. Para superar estas desventajas confiaban en el efecto sorpresa. El 9 de noviembre se redactó la orden de operaciones.

Por parte santanderina, sus fuerzas actuarían agrupadas en dos columnas. La Primera, al mando del comandante Gállego, avanzaría desde el puerto de Los Tornos por Villasante, Medina de Pomar y Traspaderne hasta Miranda. La Segunda, dirigida por el comandante Puig, debía descender desde el puerto del Escudo, encaminarse también hacia Miranda de Ebro y cruzar este río con objeto de establecer una cabeza de puente en su margen meridional. Desde la línea del Ebro, en una segunda fase se avanzaría sobre las localidades burgalesas de Briviesca, Pancorbo, Sedano y Posadas. Ambas columnas disponían de un total de 19 batallones, 6 piezas de artillería y 12 blindados.

Las tropas vascas se estructuraron en cuatro columnas.

1.- La Primera, mandada por el comandante Ibarrola, desplegaba en el flanco izquierdo y tenía como objetivo inicial los montes Maroto, Albertia, Isusquiza y el puerto de Arlabán, para posteriormente envolver Villarreal por el este.

2.- La Segunda, dirigida por el teniente coronel Cueto, tenía que dejar atrás el alto de Oqueta, las localidades de Murúa, Nafarrete y Gopegui, hasta sobrepasar por el oeste Villarreal.

3.- La Tercera, al mando del comandante Aizpuru, avanzaría por el sector de Murguía hasta cortar la retirada a las tropas enemigas que se replegasen del sector de Villarreal.

4.- La Reserva se encontraba al mando del teniente coronel Irezábal.

En los días previos al ataque, se anularon las órdenes para la columna del comandante Aizpuru, por lo que la operación se centró casi exclusivamente en la maniobra sobre la estratégica localidad de Villarreal.

En el lado nacional, el 15 de noviembre, el frente alavés se encontraba dividido en cuatro sectores: el de Murguía con 775 hombres, el de Gopegui con 630, el de Villarreal con 1.001 y el de Ulibarri-Gamboa con 519. En total eran 2.925 hombres en primera línea con otros 1.400 en puestos de retaguardia. Además, en la localidad de Anguiozar, en el frente guipuzcoano del alto Deva, se encontraba el grueso de la columna alavesa del coronel Camilo Alonso Vega. En total eran 1.785 hombres con cuatro baterías de 105 mm.

La ofensiva, tomó por sorpresa a los mandos nacionales. No porque no esperasen un ataque enemigo, sino porque creían que se produciría en el sector de Mondragón. La llegada a mediados de noviembre de varios mercantes con armas y municiones al puerto de Bilbao, la concentración de una docena de batallones y de más de treinta aviones en esta capital , y el aumento de la actividad republicana en el mencionado sector, había puesto sobre aviso al mando nacional.

Se inició en la madrugada del 30 de noviembre, un día más tarde de la fecha prevista a causa del mal tiempo y de una forma no muy afortunada para los atacantes cuando cinco aparatos nacionales que regresaban de una misión de reconocimiento se toparon con el grueso de la columna Ibarrola que avanzaba por la carretera. El consiguiente bombardeo de la misma bloqueó la carretera.

La columna del teniente coronel Cueto avanzó a través del alto de Oqueta y los embalses del Gorbea, y ocupó los pueblos de Cestafé y Elosu hasta llegar a Villarreal. Ya por la tarde, ordenó asaltar el pinar de Chavolapea, que situado al nordeste del pueblo, era clave para cortar la carretera de Vitoria. La incapacidad táctica de los dos batallones encargados de tal maniobra (uno nacionalista y el otro comunista) hizo fracasar el asalto con numerosas pérdidas.

La reacción de los mandos nacionales consistió en el envío de refuerzos a los sectores de Gopegui y de Ulibarri-Gamboa, así como a Villarreal que en estos momentos centraba los combates más duros. El general Mola se dio cuenta de la amenaza que suponía el inicio de esta ofensiva y unificó los frentes guipuacoano y alavés bajo las órdenes del general Solchaga. Este dispuso la concentración de diferentes unidades en Vitoria. Ese mismo día, la localidad era reforzada por 150 hombres, dos blindados y dos ametralladoras, mientras que los subsectores de Gopegui y Urbina recibían desde Vitoria cerca de 900 hombres correspondientes a 3 compañías y dos secciones de infantería, una sección de ametralladoras, dos escuadrones a pie de caballería y una batería de montaña con cuatro piezas.

Al mismo tiempo, la columna del comandante Ibarrola presionaba entre Mondragón y el Albertia. Tomó el Maroto y presionó hacia el puerto de Arlabán al tiempo que algunas de sus unidades llegaban hasta Villarreal e intentaban asaltarla. Por la mañana, la artillería pesada republicana sometió a esta localidad a un duro bombardeo, preparatorio del asalto que por la tarde llevaron a cabo las tropas vascas, apoyadas por los diferentes blindados.

El día 1 de diciembre presenció encarnizados combates. Tropas de Cueto entraron en Murúa y otras de Ibarrola tomaron el Albertia y alguna posición sobre Salinas de Léniz. Mientras, Villarreal quedó prácticamente aislada al ocupar las fuerzas vascas las alturas que dominan el pueblo desde el sureste y el pinar antes mencionado. En esta ocasión, las dos secciones que lo defendían tuvieron que replegarse ante el irresistible asalto republicano. Durante los tremendos ataques, tres blindados asaltantes fueron puestos fuera de combate por la artillería defensora. Por la noche, un nuevo convoy de municiones, éste con dos piezas de 105 mm, consiguió entrar en Villarreal. Mientras, siguiendo las órdenes de Solchaga, se concentraban en Vitoria diferentes fuerzas. Entre ellas se encuentraba parte de la columna de Alonso Vega, recién llegada del frente guipuzcoano.

Esa jornada fracasaba el intento de reforzar Villareal con dos piezas de 105 en un convoy que quedó detenido por el fuego republicano, pero los sublevados consiguieron municionar Villareal y recibieron en Vitoria numerosos refuerzos, consistentes en unos 2.000 hombres y 8 piezas de artillería al llegar de Gipuzkoa buena parte de la Columna Alonso Vega (el equivalente a seis compañías de infantería, una de ametralladoras y una batería de cuatro piezas), y de otros puntos más fuerzas de infantería consistentes en un batallón y una compañía a la que se sumó otra batería artillera.

Con estas tropas, al día siguiente, el mando nacional organizó tres columnas con efectivos de unas tres compañías cada una, que fueron enviadas a reforzar el flanco izquierdo del dispositivo nacional, entre Gopegui y Villarreal. Concretamente a Nafarrete, la loma de Saimendi y las situadas al este de Cestafé. La resistencia encontrada las impidió avanzar más allá y obligó a permanecer en las posiciones que ocupaban.

Las tropas de Ibarrola siguieron presionando en el valle de Léniz hasta poner bajo el alcance de su artillería la carretera de Arlabán a Modragón. En Villarreal se sucedieron los intentos republicanos por traspasar las defensas nacionales. Durante todo el día se desarrollaronn intensos y sangrientos asaltos que acabaron todos ellos en fracaso para las tropas vascas. Entre los defensores, la munición ligera escaseaba y la de artillería se agotó. Esta situación cambió radicalmente cuando Alonso Vega, al mando de una columna, reconquistó el pinar de Chavolapea y restableció así las comunicaciones con las líneas nacionales.

Los franquistas desalojaron a los batallones Olabarri e Isaac puente de los pinares del suroeste de Albertia, ocasionándoles más de 150 muertos y tomando varias decenas de prisioneros que fueron fusilados por fuerzas de la compañía de Asalto y falangistas de la columna Alonso Vega.

El día 2 de diciembre las fuerzas del bando nacional seguían contando con menos efectivos en primera línea pero contaban ya con una neta superioridad artillera que utilizaron a partir de entonces para paralizar los ataques vascos y para montar ataques parciales que les fueron permitiendo recuperar parte del terreno perdido en torno a Villareal.

Estos últimos éxitos nacionales y los continuos fracasos propios ante las posiciones enemigas comenzaron a provocar las primeras desmoralizaciones entre las tropas vascas.

El día 3, una Mehala de Tetuán reforzó el sector de Cestafé y la columna de Alonso Vega recuperó las lomas situadas en torno a Nafarrete. Los asaltos sobre Villarreal disminuyeron en intensidad y cantidad aunque persistió el continuo bombardeo. En el sector de la columna de Ibarrola, sus unidades incrementaron la presión sobre el puerto de Arlabán. La consecución de este objetivo supondría el corte de la carretera que a través de Villarreal comunica Vitoria y Mondragón y del ferrocarril Madrid-Miranda de Ebro-Irún.

El día 4, prosiguieron los combates en todo el frente, especialmente en el sector de Gopegui y en el pinar de Chavolapea, aún duramente disputado.

Además, ese día la lucha prosiguió intensa en torno a Cestafé. La lucha se amplió al citado día 5, ya que aunque las acciones libradas en torno a Legutiano revestían poca importancia, alcanzaban renovada intensidad los combates al oeste de Mondragón y al fin se iniciaba ya el ataque vasco por la zona de Orduña-Amurrio, tomando el monte San Pedro y dominando en las jornadas del 5 y 7 la Sierra de Uzquiano. Sin embargo, los franquistas no cedieron aquí más terreno, afianzando la defensa de Izarra con una pequeña columna. Las unidades que inicialmente habían formado la columna del comandante Aizpuru iniciaron una serie de ataques en su zona de Murguía que finalizaron tres días más tarde, cuando una columna nacional enviada a dicho sector restableció la situación.

Fue en estos días cuando los rebeldes comenzaron a contraatacar sobre el terreno perdido cerca de Villareal. Primero, ocupando las alturas de Saimendi y de Nafarrete, situadas en terreno de nadie, y luego, el 8 cayendo sobre el pueblo de Nafarrete.

Este mismo día 5, un lehendakari Aguirre desconectado de la evolución real de los acontecimientos en el campo de batalla, enviaba un telegrama al ministro Indalecio Prieto, en el que anunciaba la inmediata captura de Vitoria al tiempo que solicitaba una ofensiva por parte de las tropas republicanas en Aragón que les llevara a contactar con el "Ejército de Euzkadi". A despecho de estas creencias de Aguirre, la intensidad de los combates disminuía en todo el frente a causa del estancamiento de los avances iniciales. Así, el día 8, los nacionales recuperaban diferentes colinas de Saimendi y de en torno a Nafarrete.

Los días 9 y 10 de diciembre fueron de relativa calma. Las bajas vascas eran para el 10 de diciembre más del doble de las enemigas. Pese a ello, con la entrada en línea de las reservas previstas, las fuerzas de Euzkadi renovaron su ofensiva. El 11 se reactivaba la lucha en Uzquiano, donde los batallones vascos presionaron siendo rechazados. Por su parte, los sublevados avanzaban ligeramente por Gopegi y Nafarrete para encontrarse al día siguiente con la dura respuesta vasca en forma de fuertes ataques desde Cestafé a SAimendi, que ganaron terreno especialmente en esta última posición, y en fuertes bombardeos artilleros y hostigamiento de carros sobre Legutiano, prolongándose la presión vasca durante el día 13. La calma se impuso de nuevo durante varias jornadas. Sólo el 15 de diciembre intentaron los franquistas una ligera rectificación por los frentes de Guipuzkoa, en el Kalamúa, con una compañía de requetés que se retiró de nuevo a su posición tras sufrir unas pocas bajas.

Tras estos días de moderados combates, el mando vasco lo volvió a intentar sobre Villarreal el día 12. Un violentísimo bombardeo precedió a nuevos asaltos que a punto estuvieron de lograr su propósito. Tal fue la dureza de la embestida que el teniente coronel Iglesias a punto estuvo de dar la orden de retirada. Pero al final del día, los republicanos volvieron a sus trincheras sin haber conseguido su propósito. Los combates, que en esta jornada también se habían desarrollado en la zona de Nafarrete-Cestafé-Gopegui, decayeron en gran manera en los días sucesivos. Sólo el día 18, volvieron a recrudecerse, especialmente en Villarreal.

El 18 de diciembre, las fuerzas vascas atacaron la línea Nafarrete-Cestafé, consiguiendo avances mínimos a un precio excesivo. El 19 empezaba a reaccionar el adversario, aunque no seriamente, y la jornada siguiente transcurría en relativa calma, pero el 21 la columna Alonso Vega lanzaba un fuerte ataque que hundía la línea vasca ocupando toda la zona al nordesde de Cestafé.

Los últimos estertores de la lucha en Alava fueron varios ataques vascos sobre Villareal el día 22 y la reanudación del avance reblede al oeste de dicho pueblo, reocupando localidades abandonadas por las tropas de Euskadi debido a su mala posición táctica. Así reocupaban sus rivales Elosu el día 23 y Acosta y Murúa en la jornada siguiente.

Prácticamente reestablecida la línea inicial, se dio por finalizada la ofensiva de Villarreal. Este frente ya no se movería hasta el comienzo de las operaciones nacionales sobre Vizcaya en la primavera de 1937.

La ofensiva vasca sobre Vitoria había fracasado, y los rebeldes celebraron su éxito defensivo remitiendo a la capital alavesa el material capturado, que fue exhibido el 27 de diciembre en el edificio de la Caja de Ahorros Vitoriana.

 

 

REPUBLICANOS (En el entorno de Legutiano)
REPUBLICANOS (En el entorno de Legutiano)

NACIONALES

ANV 1 Olabarri CNT 4 Sacco e Vanzetti Columna Alonso Vega
ANV 2 Euzko Indarra CNT 1 Bakunin. Subsectores de Murguia, Gopegui, Urbina, Villareal y Uribarri Gamboa
CNT 3 Isaac Puente Azaña (Bizkaia) Baterías de montaña y blindados de Vitoria
Azaña (Gipuzkoa) Gordexola Columna Latorre
Amuategui Amayur Batallones de refuerzo de tropas de Marruecos
Castilla Irrintzi  
Karl Liebknech Meabe 1- Largo Caballero,  
MAOC 1 Larrañaga Meabe 2 Stalin,  
Rosa de Luxemburgo "Arrosa" UHP  
Araba Meabe 6 Rusia  
Avellaneda Dragones  
Ibaizabal Facundo Perezagua  
Itxarkundia Karl Liebcknecht  
Itxas Alde Leandro Carro.  
Loyola UGT nº 1 Fulgencio Mateos,  
M.A.I Irrintzi UGT nº 2 Indalecio Prieto,  
Padura UGT nº3 - González Peña,  
  UGT nº 6 Pablo Iglesias,  
  UGT nº 7 Asturias  
  UGT nº 9 México.  

La ofensiva vasca sobre Villarreal fue un completo fracaso. Desde un principio, el objetivo era no sólo inalcanzable sino que evidenciaba un gran desconocimiento de la capacidad real de sus tropas por parte de los mandos vascos. Lanzados a la batalla, los batallones vascos no fueron capaces siquiera de traspasar la débil línea nacional pese a la superioridad inicial con que contaron. Carecían de instrucción y sus mandos (de sección, compañía o batallón) de los conocimientos militares mínimos, aunque, por otro lado, fuesen unidades bien equipadas. Según el general Martínez Cabrera "eran más bien grupos de hombres fuertes y bien cuidados que batallones en el sentido de esta frase". Muchos habían sido formados en las fechas inmediatamente anteriores mediante el agrupamiento de compañías independientes.

Las bajas fueron numerosas, especialmente entre los soldados republicanos. El total de las bajas del ejército de Euskadi ascendió a 6.182, incluyendo enfermos, de ellas 4.370 fueron en combate la mayor parte, pero no al atacar directamente el casco urbano de Villareal, como pretendieron los franquistas, ya que la mayor parte de los combates no se libraron en Legutiano. La inexistencia de un adecuado servicio médico (sin hospitales de campaña, sin ambulancias ni reserva de medicamentos) ocasionó el agravamiento de muchas heridas y la proliferación de enfermedades entre los combatientes vascos. Tal fue la sangría, que en pleno transcurso de la batalla, las autoridades vascas movilizaron las quintas de 1931 y 1936 con objeto de reemplazar las bajas. La magnitud exacta de las pérdidas la podemos comprobar al comparar las cifras totales de bajas del Cuerpo de Ejército vasco desde el inicio de la Guerra. Así, en el mes de diciembre fueron 6.182, 140 más que en los más de cuatro meses anteriores (un 300% de incremento sobre la media mensual). En concreto, el porcentaje de bajas mortales en este mes fue del 16´7% frente al 8´1% de los precedentes. Estas enormes pérdidas explican la evolución del Orden de Batalla de este Cuerpo de Ejército, que a finales de diciembre presentaba una disminución de los batallones existentes y un aumento de los que estaban en organización.

No existen datos oficiales de las bajas nacionales durante toda la ofensiva. Las de la defensa de Villarreal fueron de 31 muertos y 224 heridos (un tercio de los efectivos), de los que unos 150 se produjeron durante los primeros días. En estos, las bajas sufridas a lo largo de todo el frente alavés fueron de 7 muertos y 149 heridos. Posteriormente, la columna de Alonso Vega registró la pérdida de 133 hombres, 28 de ellos muertos, durante la noche que rompió el cerco republicano sobre Villarreal.

Los sublevados tuvieron unas 2.000 bajas en las operaciones, aunque durante decenios el franquismo ocultó la realidad de la batalla limitando sus pérdidas a las mencionadas anteriormente.

La falta de preparación militar de todos los mandos, la improvisada formación de los batallones, su nula capacidad de maniobra ofensiva, la falta de coordinación y enlaces entre las unidades de combate y las de apoyo, y de todas estas con sus mandos superiores eran las características que habían salido a la luz entre las tropas del Cuerpo de Ejército vasco con motivo de esta ofensiva. Las autoridades vascas reconocían tras la misma que no creían en el posible éxito de sus fuerzas ante una defensa obstinada por parte enemiga. Se necesitaba algo más que el valor derrochado por los milicianos y una abundancia de munición que, a 14 de diciembre, había supuesto para el pueblo de Villarreal 2.600 impactos de artillería pesada, además de los morterazos y los once bombardeos de aviación.

Esta experiencia supuso para Aguirre aceptar el hecho de que el "Ejército de Euzkadi" no podría depender sólo de sí mismo en el futuro. Era imprescindible su cooperación con cántabros y asturianos, tal y como se demostraría con motivo de la futura ofensiva final sobre Vizcaya. Para el Ejército Nacional, el ataque supuso unos día iniciales de angustia ante el riesgo que suponía para su frente vasco. Pero la celeridad con que fue controlada la situación disipó los temores y apenas fueron necesarios el envío de unidades de refuerzo de otros frentes. La ineficacia republicana provocó una infravaloración de las tropas vascas por parte de los mandos nacionales que les supondría un amarga sorpresa en abril del 37.